Débil ante la palabra

Hoy me dio gusto leerte. Y no me refiero al gusto de siempre que siento de coincidir con vos, sino a otro gusto que tiene más que ver con una suerte de descarga en lo que decís en el texto: “decirme que soy escritor”. Al rato es un gesto valiente al que yo, en tanta cobardía, hace mucho que le di la espalda.

Uno da espaldas todo el tiempo, como si sólo la vista bastara. Como si hacerse ciego bastara. No basta. Me es insuficiente porque inclino los oídos ahí donde la palabra suena. Soy débil, indeciblemente débil, ante la palabra. Me seduce y escarbo en cada cosa que toco, en cada imagen que se me atraviesa. Pero no me atrevo a decir que mi oficio es escribir. Mi oficio es otro y tiene más que ver con mendigar a la palabra que con hacer palabra. Soy un zopilote a la espera de la muerte de la escritura para hacerme de sus restos putrefactos. Solo de eso soy digna, de su putrefacción.

Yo no tengo disciplina, no sé sentarme a escribir a diario, nunca puedo terminar un texto. Uno o dos párrafos y siento que me clavo los dientes en la carne. Eso me entristece profundamente. Me gustaría hacer el ejercicio con vos, con otro nombre y sobre todo anónimo. No quiero hacerme cargo de lo que escribo porque en cuanto doy a luz, hago filicidio. No quiero lo que escribo. Quiero borrarme de ahí porque lo detesto.

Entonces, sí, me interesa. Pero no puedo prometer constancia, ni duración. Cuento con vos para que me presionés un poco supongo, eso necesito, que me empujen.

Un abrazo de vuelta, fuerte.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s