Sobre embarazar

Quiero aprovechar un comentario con el que me topé. Una amiga publicó, como comúnmente lo hace, una queja. Lo único diferente fue que esta vez sí me tocó algunas fibras. Ella reclamaba por una actitud enfermiza de algunos hombres que manifiestan cierta excitación en embarazar a las mujeres. No se me hace nada difícil creerlo, incluso vienen a mi mente bromas y frases que he escuchado en varias ocasiones ─viene a mi mente: “donde pongo el ojo, pongo el patojo”─. Pero más allá de eso, recuerdo varios hombres que han manifestado un orgullo demasiado exaltado por haber embarazado a una mujer ─a su esposa, y con su consentimiento, en el mejor de los casos─.

Casualmente hace pocos días me encontré con una compañera de colegio. Tenía más de cinco u ocho años de no verla, creo. En la interacción entendí que había procreado y que pues, su vida giraba en torno a eso; estaba saliendo del supermercado después de comprar pañales. Horas después me vino una inquietud, una pregunta que me hubiera gustado hacerle, aunque seguramente hubiera resultado ser una impertinencia. Quisiera haberle preguntado cómo se sentía al respecto y si fue una decisión deliberada o solo “sucedió”. No era el momento ni el lugar. Igual estas dudas surgieron horas después de la interacción, y creo que sería un poco inapropiado ponerme a buscarla en Facebook o mandarle mensajes en Instagram para preguntarle.

Pero no era a eso a lo que iba. Vamos a lo de la emoción, aparentemente enfermiza, o quizá desproporcionadamente orgullosa, que manifiestan algunos hombres a partir del hecho de embarazar a una mujer. Seguramente hay más ángulos para abordar este asunto, pero el primero que se me ocurre es el problema de la actualización de la mujer (en términos aristotélicos) en nuestra sociedad. Hay que empezar delimitando el problema a nuestra sociedad, pues es un síntoma que se presenta en sociedades retrógradas y demasiado conservadoras. En su conservadurismo, son esencialmente machistas, y una de las principales expresiones de este machismo es demarcar la función de la mujer, su única y exclusiva utilidad, como un útero que provee de hombres para el trabajo y uno que otro útero adicional para sostener el ciclo.

Supongo que por ahí va cierta parte del problema. De ahí que haber embarazado a una mujer represente una conquista. Es la culminación de la invasión, la apropiación del útero, de un útero que ahora es “mío”. De este problema se siguen las distintas reacciones al descubrir el sexo del neonato.

Esto es algo que puede avanzar.

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