Cada tanto hay que buscar nueva vida

Lo siento por no escribir con la frecuencia que  tal vez quisiera, quisieras, quisiéramos, pero siempre hay algo en el saber delante un texto que me frena. A lo mejor es miedo. Siempre me asusta la palabra y tener que hacer con palabra. A veces me cae pesada esa sensación y no sigo por el miedo. Pero te contesto ahora, aunque no tenga nada que decir que pudiera servirte, pero a lo mejor algo usás y algo se alumbra y nos hacemos luz, pero como esa del fuego que danza y quema.
A cada rato debiera una buscarse nueva vida. Hay que cansarse, hartarse, sobre todo de la vida humana que construye categorías como esa: trabajo; y construye trabajos como esos que se lo hartan a uno en lugar de uno hartárselos a ellos. Nos ganan a todo lo ancho del tedio. Trabajé tanto tiempo en un call center, cómo devoran. A veces me dio por pensar que no iba a quedar nada de mí, que eso era todo. Pero eventualmente llegó otra cosa. En mi caso tuvo que ver mucho con voluntariar, no te pagan pero se aprende un montón y al final cuenta como experiencia. Le escribí a “X” que me dio chance de hacer mis horas de beca en el “A” en donde participé en algún evento en el que tuve contacto con “Y” y en donde precisamente hablé de lo que iba aprendiendo en la organización de lesbianas en la que soy voluntaria y aprendí de su biblioteca lésbica que tiene un montón de textos de teoría queer. Casualmente “Z” (que es el otro de “B”) había traído el rollo queer y el pensamiento desde la teoría queer al instituto, entonces “Y” pensó que sería un buen agregado y me llamó cuando renunció “N”. Esa es toda mi experiencia y la única que puedo contarte. Aún ahora busco otro trabajo para compensar la mala paga y ni siquiera me suelen llamar…
Ojalá pronto mutés de vida. Devení serpiente y dejate la piel por ahí.. ojalá pronto acabe por caerse y no te persiga más. Te mando un abrazo muy fuerte, de fuego.

Se busca nueva vida

Hace ya mucho que no te escribo. Hace más que tú no me escribís a mí. No es precisamente un reproche, llamémosle berrinche, y es que es cierto que extraño leerte. Te lo he dicho varias veces ─y no me cansaré de decirlo─, hay algo muy particular de intercambiar palabras contigo, algo trae lo que me escribís que por ahí me chisporrotean algunas fibras.

Tengo que buscar trabajo. Mejor dicho, estoy buscando trabajo. Como podés ver, aún estoy en proceso de convencerme de mi estado laboral. El “negocio de la familia” ahí va, pero como creo que ya te he contado, no soy muy bueno para lo que me toca hacer; o sea, es más sano para el negocio que yo me consiga otro trabajo y que se contrate a alguien más para hacer lo que yo no estoy haciendo bien. Además, de nuevo caí a hacer cosas que no me gustan y que no tienen nada que ver con mi “carrera”. Lo que estaba haciendo por mi cuenta, el rollo de las revistas, no es suficientemente estable, necesito encontrar algo más.

Sé que compartimos la noción de que esto del trabajo es una mierda, pero también sabemos que es un mal necesario. También sabés de mis modos aburguesados, pero sabé que estos últimos años me han devaluado algunos “lujos”. También sabés de mis fantasías, que añoro una vida sencilla como la que describe Thoreau (si no lo has hecho, debés darte un chapuzón en su Walden): una cabaña sencilla en un entorno natural y suficientemente aislado; un rincón para leer, escribir y compartir muy eventualmente con algunos personajes muy peculiares. No vamos a discutir qué tan sincero fue Thoreau, pero tomemos el punto como él lo presenta.

Pues bien, necesito encontrar el justo medio con templanza aristotélica: generar suficiente para estar tranquilo y quizá poder tomarme algunas vacaciones para cumplir, aunque sea por retazos, mi fantasía.

En fin, son dos razones por las que te escribo. La primera es porque es algo que tú y yo hacemos y aprovecho cualquier excusa para escribirte y alimentar la esperanza de que me respondás. El segundo es por tu experiencia reciente.

Yo quiero involucrarme, de la manera que sea, en alguna asociación, fundación o centro de investigación, pero no tengo idea de cómo funciona, no tengo idea de qué puedo o debo buscar, ni de cómo hacerlo. ¿Tenés alguna idea?

Me siento muy vulgar por haber escrito ese último párrafo. Siento que traiciono alguna parte de eso que nos une. Pero imagino que en alguna medida me entendés.

Ah, por cierto, la estrategia que te comenté la última vez fracasó. Fue un mal momento, justamente por cuestiones del trabajo del que intento escapar; ese fracaso es una de las manifestaciones de mis motivos.

Una nueva estrategia

Otra vez se nos ha pasado el tiempo sin escribirnos; serán ya un par de semanas. No queda de otra que volver a empezar.

Estoy intentando poner en práctica una nueva estrategia para mi página mínima. Supongo que ya te he contado qué es la página mínima, pero para estar seguros, y para fines ilustrativos, si es que estas líneas salen a luz pública, te explico. Página mínima es el nombre que le dí al proyecto de escribir a diario. Sí, yo sé, que obvio; ya me conocés que soy muy práctico para poner nombres. Así empezó el ejercicio, me dispuse a escribir por lo menos una página cada día. Al principio fue a mano, y una página era como de 200 o 250 palabras. Ya luego, cuando me mudé a la computadora descubrí que una página era de 500 palabras ─y me pareció un número más adecuado─.

Haciendo un paréntesis, atiendo a una pregunta que me hiciste hace poco: si escribía a mano. De vez en cuando lo hago. Siento que escribir a mano es mejor para el aspecto creativo. Con esto no me refiero a que a mano se escribe mejor ficción, sino que es más efectivo para desarrollo de temas, para hacer esbozos; ya sea de intentos de ficción o de algo más reflexivo (siempre hay un proceso creativo por medio del que se construyen las ideas). En fin, escribir a mano es más conciso. Quizá sea porque el esfuerzo es más grande (físicamente) y el ritmo es más lento. Al escribir a computadora uno puede hacerlo demasiado rápido, tan rápido que salen bodoques sucios. A mano es menos común caer en verborreas, al menos así ha sido en mí experiencia.

Entonces, de vuelta a la nueva estrategia que estoy pensando para la página mínima (la verdad es que no es una gran novedad, es algo que ya había hecho en algún momento). Quiero intentar desarrollar un tema a lo largo de la semana. Esta semana fue la primera; y lo hice a medias. Aprovechando el impulso me enfoqué en un trabajo de la U. Como este era para el jueves solo usé la mitad de la semana. Aún así, creo que la estrategia puede funcionar.

En general, la intención es establecer el tema y los subtemas el domingo. Esto conllevará un poco de investigación, y quizá pueda construir una primera estructura. Ya luego, a lo largo de la semana, iré investigando y escribiendo sobre cada subtema, con la esperanza de terminar la semana con algo relativamente sólido.

Supongo que te preguntarás por qué hacer algo como esto. La verdad es que me estoy aferrando a la escritura, o al menos lo estoy intentando. He vivido algunas cosas, he pasado por algunos trabajos, y he descubierto que nada me gusta. Cualquier trabajo “tradicional” que pueda conseguir terminará corroyéndome y eventualmente me sumirá en algún grado de depresión. Por eso, insisto en escribir. Lo ideal sería encontrar que alguien me pague por hacerlo, o que alguien compre lo que escribo. Para mientras, lo único que puedo hacer es ejercitarlo, practicar. Tal vez así, algún día salga algo de valor.

Ya te contaré si funciona esta semana. Según qué salga lo publicaremos aquí o allá.