Intentos fallidos de soportar el absurdo

Hoy es un día de esos en los que se me estrecha el buche y la única solución que puedo imaginar es procurar mi expiración. Aún no he encontrado trabajo y ya se deja sentir la frustración. Empiezo a pensar que, así como no fui suficientemente astuto para encontrar clientes para mi negocio, tampoco lo soy para hacerme emplear.

Yo lo que quiero es escribir. Me gustaría vivir de lo que escribo pero estoy consciente de que no produzco nada de suficiente calidad para justificarlo. Obviamente, si eso es lo que quiero, eso debería estar haciendo, practicando y ejercitándome en el oficio. Eso ya lo hago, lo vengo haciendo desde hace algunos años (ya hemos hablado de la rutina de escribir a diario que me he impuesto), pero aún no lo hago suficientemente bien. Luego, como de algo hay que vivir, en algo hay que trabajar…
El principal problema es el absurdo. Si tengo que trabajar al menos necesito disfrutarlo un poco. No tiene sentido hacer cualquier cosa solo por rellenar de vacío las horas de una vida que al final no va a nada; para eso mejor que se acabe de una vez. Así que puse mi mínima condición en trabajar con algo, lo que sea, relacionado a las letras (ese “lo que sea” es relativo; no sé si por suerte o maldición crecí en un medio pseudopequeñoburgués-un-poco-más-allá-de-acomodado, de esa forma se me presentó la vida y es muy difícil abandonar mucho de aquello a lo que estoy acostumbrado). Han aparecido algunos proyectos por aquí y por allá, he participado y les he hecho huevos (a veces más, a veces menos), pero me dan la estabilidad necesaria para sostener la vida.
¿Qué hacés cuando estás dispuesto a padecer esta bola de estupideces ─sabiendo que al final lo más probable es que rápidamente te esfumés en una nube de polvo o, si tenés mucha suerte, tal vez llegués a ser una mancha de tinta en algún registro─ pero no encontrás algo que se ajuste a tu mínima condición? ¿Cómo lidiar con eso? Supongo que hay que seguir buscando, pero después de algún tiempo se agotan las opciones y las ganas. Y de pronto parece que una oportunidad se avecina pero, o nunca llega, o se va de largo. También hay veces que la veo pasar, mientras comprendo lo poco que me interesa atraparlas.
Últimamente, según va apretando la urgencia, la falta se hace más pesada. Poco a poco la frustración se extiende a otros aspectos de mi vida. Luego descubro que llevo años estancado.
Las bolas flotan en el aire, veremos si alguna cae en su lugar.
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