Una nueva estrategia

Otra vez se nos ha pasado el tiempo sin escribirnos; serán ya un par de semanas. No queda de otra que volver a empezar.

Estoy intentando poner en práctica una nueva estrategia para mi página mínima. Supongo que ya te he contado qué es la página mínima, pero para estar seguros, y para fines ilustrativos, si es que estas líneas salen a luz pública, te explico. Página mínima es el nombre que le dí al proyecto de escribir a diario. Sí, yo sé, que obvio; ya me conocés que soy muy práctico para poner nombres. Así empezó el ejercicio, me dispuse a escribir por lo menos una página cada día. Al principio fue a mano, y una página era como de 200 o 250 palabras. Ya luego, cuando me mudé a la computadora descubrí que una página era de 500 palabras ─y me pareció un número más adecuado─.

Haciendo un paréntesis, atiendo a una pregunta que me hiciste hace poco: si escribía a mano. De vez en cuando lo hago. Siento que escribir a mano es mejor para el aspecto creativo. Con esto no me refiero a que a mano se escribe mejor ficción, sino que es más efectivo para desarrollo de temas, para hacer esbozos; ya sea de intentos de ficción o de algo más reflexivo (siempre hay un proceso creativo por medio del que se construyen las ideas). En fin, escribir a mano es más conciso. Quizá sea porque el esfuerzo es más grande (físicamente) y el ritmo es más lento. Al escribir a computadora uno puede hacerlo demasiado rápido, tan rápido que salen bodoques sucios. A mano es menos común caer en verborreas, al menos así ha sido en mí experiencia.

Entonces, de vuelta a la nueva estrategia que estoy pensando para la página mínima (la verdad es que no es una gran novedad, es algo que ya había hecho en algún momento). Quiero intentar desarrollar un tema a lo largo de la semana. Esta semana fue la primera; y lo hice a medias. Aprovechando el impulso me enfoqué en un trabajo de la U. Como este era para el jueves solo usé la mitad de la semana. Aún así, creo que la estrategia puede funcionar.

En general, la intención es establecer el tema y los subtemas el domingo. Esto conllevará un poco de investigación, y quizá pueda construir una primera estructura. Ya luego, a lo largo de la semana, iré investigando y escribiendo sobre cada subtema, con la esperanza de terminar la semana con algo relativamente sólido.

Supongo que te preguntarás por qué hacer algo como esto. La verdad es que me estoy aferrando a la escritura, o al menos lo estoy intentando. He vivido algunas cosas, he pasado por algunos trabajos, y he descubierto que nada me gusta. Cualquier trabajo “tradicional” que pueda conseguir terminará corroyéndome y eventualmente me sumirá en algún grado de depresión. Por eso, insisto en escribir. Lo ideal sería encontrar que alguien me pague por hacerlo, o que alguien compre lo que escribo. Para mientras, lo único que puedo hacer es ejercitarlo, practicar. Tal vez así, algún día salga algo de valor.

Ya te contaré si funciona esta semana. Según qué salga lo publicaremos aquí o allá.

De esbozos y de recuperar el ritmo

Parece que hemos perdido ritmo. Hace más o menos una semana que no publicamos nada ni que nos escribimos entre nosotros. Supongo que estos últimos días surgieron varios asuntos que nos distrajeron un poco. No pasa nada, el secreto está en encontrar una forma de seguir escribiendo, de mantenerse en el ejercicio.

Entre los temas que surgieron esta pasada semana está el asunto del aborto. Decir que este tema surgió ahora es bastante inexacto, pues es algo que mantenemos en la rotación de temas de lo que comúnmente platicamos, en alguna medida (las cuestiones de género y de violencia sexual para ser más precisos, ¿o no?). Al respecto, como te comenté, empecé a escribir algo que podría tomar forma de artículo, y creo que podríamos trabajarlo juntos. Lamentablemente no he podido avanzar, no he tenido el tiempo ni la claridad mental para intentarlo. Aún así, y como parte del juego, te lo comparto aquí, íntegro, lo que llevaba. (Creo que podemos hacer un juego muy interesante si hacemos públicos los esbozos y los avances, además de ser un buen ejercicio para discutir los puntos, me parece muy interesante exponer el proceso de construcción.) Esto fue lo que escribí:

Desde donde yo lo veo, el problema es la violencia sexual. La cuestión específica del aborto la podemos discutir durante algunos ciclos lunares, y podremos estar de acuerdo en algunos puntos y no tanto en otros. Pero luego, desde mi perspectiva ─limitada, obviamente, por mi experiencia de género─, la interrupción del embarazo es el recurso más lejano, pues supone la fase final del proceso de violencia sexual.

Con el alboroto de estos pasados días la cuestión del aborto se ha alborotado, mientras salen a flote las posturas más radicales. La discusión, por un lado, se centra en determinar el instante en el que inicia la “vida”, exponiendo una moralidad dudosa, o más bien confusa (confundida quizá), anteponiendo los derechos de “una posibilidad” (cuyas probabilidades son prácticamente nulas) a las de una realidad, un presente, que requiere atención inmediata para cambiar su suerte, para contrarrestar la abrumadora tendencia estadística que padecemos como sociedad. El problema con esto es que “vida” se dice muy a la ligera. Al respecto hay muchos factores que se podrían expulgar, ¿la preocupación es por el sufrimiento?, ¿o el problema es el mundo de posibilidades a donde puede florecer una nueva vida (olvidando que, si somos objetivos, las probabilidades de “bienaventuranza” para la ámplia mayoría de niños nacidos en Guatemala son ínfimas)?  

El otro lado de la discusión se enfoca en la mujer.

Por esto pienso que esta no es la estrategia más efectiva para impulsar la discusión. No obstante, es la más cruda, y ese tinte grotesco le permite brillar en el radar de nuestras gentes ─un rasgo común de los pueblos ignorantes─.

Como podés ver, está incompleto. Incluso ese último párrafo anda volando suelto. En fin, dale una leída, contame qué te parece y ayudame a terminarlo (a menos que querrás destruirlo por completo).

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Por otro lado teníamos la cuestión de la escritura, como oficio. Casualmente me topé con un episodio de un podcast que ocasionalmente escucho acerca de un libro de Simone de Beauvoir (era sobre las primeras dos partes de Para una moral de la ambuiguedad). El punto es que, desde el existencialismo, hablaban del planteamiento que [los humanos] nos creamos carencias que luego necesitamos rellenar con cualquier cosa. Esa carencia se convierte en el rincón de nuestra existencia donde se encuentra el sentido, por tanto, solo después de satisfacer tal carencia es posible ─pensamos─ encontrar la felicidad, el sentido, la plenitud de la vida, etc. Pues la cosa es que precisamente a eso atiendo esto del oficio, esto de empeñarse en hacerse de un oficio, y oficiar. Creo que ahí hay mucho que podemos discutir.

Pues bien, toma este nuevo empujón con un fuerte abrazo.

Sobre disciplinarse en lo inservible

Compartimos dos puntos muy importantes en la forma de ver la escritura: no tenemos otra cosa y, si es que lo tenemos, no sirve.

Pero entonces, ¿qué sí sirve? ¿De qué manera buscamos que esto nos “sirva” para sentirnos tan seguros de que no sirve? ¿Pretendemos que sea un medio de vida? De cierta manera sí, sería muy grato vivir para esto y de esto; o al menos contar con los recursos suficientes para no tener que someterse al yugo de las estupideces laborales. Pero esas son fantasías, no se vive de la nada ni de los buenos deseos. La posibilidad estará, tal vez, en el mecenazgo. Pero, de nuevo, es muy poco probable que algo así se pueda dar, y si sucediera seguramente se sentiría como una nueva castración. En fin, esto es lo que tenemos y desde aquí escribiremos o no.

Aún así, lo cierto es que tenemos esto. Desde aquí podemos construir lo que sea, desde aquí se puede ser. Cuando digo aquí me refiero a la palabra, con al menos a un lector seguro y dedicado para cada quien. No sé si leíste el artículo que te compartí (The Perpetual Solitude of the Writer), el autor elabora sobre algo que ya hemos mencionado más de una vez, tu dijisteSi no escribo no tengo absolutamente nada. Yo misma me aburro de muerte, pero puedo narrar.. narrarme”, mientras yo escribí “pues el oficio, como lo entiendo y como  lo pretendo ejercer, es algo más parecido a la manifestación de una voluntad, una voluntad emasculada, atrofiada, infértil”. El punto es que escribir es crear mundos, y esto permite crear mundos donde se puede ser. La escritura es una ruta de escape de esto que apenas podemos tolerar. La escritura hace tolerable la vida. De hecho, con toda sinceridad, es lo único que me ha mantenido en paz con la vida durante los últimos años. Suena trágico pero, de cierta manera, es lo que me mantiene vivo.

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Una líneas acerca de la disciplina.

Esta crisis de escritura que estás viviendo ya la viví yo, por muchos años también. Pasaba el tiempo y no lograba definirme, pero tampoco escribía. Entre consejos recogidos de libros y de sinceros amigos fue que llegué a este ejercicio que te he comentado.

Aún no sé qué es lo que quiero escribir. Como tú, me interesa mucho la filosofía, pero no sé si puedo ser suficientemente riguroso como para ser admitido en la academia. Por otro lado también me llama mucho la atención la ficción, o una mezcla deliciosa de ficción filosófica, pero no sé si soy suficientemente talentoso para lograrlo. Por último, después de lo que he vivido, después de los trabajos por los que he pasado, la escritura me parece el único oficio tolerable, y más que eso, agradable.

Y entonces, ¿qué otra forma de saber qué escribir, a qué se ajustan mis capacidades y talentos (si es que hay), si no es haciéndolo? ¿Qué otra forma de afinar los instintos?

Hay que escribir para uno mismo, y no hay que ser tan exigente al principio. Hay que aprender a desnudarse.

Luego hay que considerar los motivos, ¿para qué escribir?

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Lo del filicidio te lo comento para que lo tengamos en mente. Creo que es algo que vale la pena discutir más adelante.