¿Cómo interpretar la tercera regla de Botsford?

Hoy me volví a topar con las cinco reglas de Botsford para los editores de texto (hay muchas fuentes, aquí una). Como podés ver, la tercera entra en conflicto directo con la premisa de la que parte este proyecto, eso de decirme escritor y decirte escritora. La transcribo literalmente (según la traducción que encontré): “Puedes identificar a un mal escritor antes de haber visto una palabra que haya escrito si utiliza la expresión «nosotros, los escritores»”.

No estoy seguro si la estoy interpretando mal pero, ¿acaso uno solo puede ser un buen escritor si niega su oficio? ¿o es que el supuesto error está en implicar una colectividad? ¿Cómo la interpretás tú?

De alguna manera me siento ofendido, pero no entiendo por qué, ni exactamente cómo. Como sabrás, entre los trabajos que he realizado se incluye la edición de textos, y sí, me he topado con cada cosa de quienes se dicen “escritores” que puedo entender que hay una diferencia muy grande entre decirse escritor y ser uno; más aún ser uno bueno. Sin embargo, no puedo evitar la desconfianza que da ese “bueno”, que solo puede juzgarse con algún grado de objetividad bajo la rigurosa sistematización académica. Entonces entramos a la discusión sobre la academia… que no nos atañe aún.

Luego también, la intención es escribir. Eso de ser categorizado como “bueno” será acaso una especie de validación, pero no es garantía de satisfacción, pues, ¿por qué se escribe? Cada quien tiene sus motivos. Para muchos el reconocimiento en sí no tiene valor, tal vez lo tendrá un reconocimiento específico. Por ejemplo, quien aspira a novelista no valorará un reconocimiento por una nota periodística; ni la publicación de lo que considere su obra maestra (si es que llega a completarla) tendrá valor si se interpreta mal.

Quizá a lo que se refiere es que se necesita algo de humildad para escribir, para ser escritor.  (Hay algo en todo esto que no estoy entendiendo y me molesta, pero no logro identificarlo…) En muchos casos hay una pedantería insoportable en el autor, nombrándose el dueño de la palabra y, en algunos casos, de “La Verdad”. Sin embargo, no estoy muy seguro de que la personalidad de una persona determine su calidad en el oficio ─hay cretinos geniales─.

O quizá, volviendo al punto de implicar una colectividad, el error está en generalizar, pues este oficio es solitario y trágicamente individual. Cada quien escribe de una manera muy particular e irrepetible. Pero esto ahora parece una disertación de psicología pop…

En fin, no entiendo.

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